martes, 18 de octubre de 2011

Capitulo 1.

· Seis años ·

Tom agarró la mano temblorosa de su hermana y la estrechó. Sam se inclinó un poco sobre él y miró fijamente escaleras abajo, con los ojos muy abiertos y sin parpadear, dejando salir un fuerte suspiro.

Ellos estaban peleando de nuevo, y esta vez parecía la peor pelea de siempre porque no era en voz alta.

-¿Por qué están gritando? -preguntó Sam, llevando la manga de su camiseta hasta su nariz y ahogando un sollozo-. ¿Qué está pasando?

-Nada -mintió Tom.

-Nada -repitió-. Está bien.

Tom mantuvo a su hermana muy cerca. Ambos se asustaron cuando escucharon un portazo.

-¡Vas a despertar a los niños! -gritó Simone.

-¡No menciones a los niños ahora! -gritó de vuelta su padre-. Siempre lo haces cuando peleamos.

-¡Nunca estás en casa!

Sam arrimó con violencia su cara contra el cuello de Tom.

-Haz que se detengan.

Tom abrazó a su hermana fuertemente, sin saber como lograr eso.

 -Solo cierra los ojos pequeña- susurró besando su rubia cabellera.

-Los escucho -susurró ella, con los ojos todavía abiertos.

-No tengo razones para estar en casa, tú lo sabes -dijo su padre en voz alta y severa-. Trabajo largas horas para que no tengas que hacerlo tú.

-¡Yo crío a nuestros hijos! -Simone se rindió-. Hago mucho más de lo crees, Jorg, y lo sabrías si siquiera te molestaras en hablarme o preguntarme qué hago o cómo me siento.

-¿Cuándo pasó? -El tono de ella había perdido su furia-. ¿Cuándo dejaste de estar ahí para mí, para los niños… para nuestra familia? -Jorg se mantuvo unos segundos en silencio.

-No lo sé. -Simone suspiró profundamente.

-No esperaba esa respuesta.

Sam se sentó en el duro escalón arrastrando a Tom con ella y miró, con ojos abiertos de sobremanera, las piernas de su padre que estaban a la vista. Unos zapatos fueron calzados, al igual que una chaqueta fue puesta. Él llevaba una maleta.

-¿Adónde vá papá? -preguntó. Tom miró también. Sabía que su padre les estaba dejando.

-A ningún sitio-respondió, abrazando a Sam-. Nadie se está marchando.

-¿Cuándo vas a volver, Jorg? -cuestionó Simone ruidosamente.

Jorg colgó su maleta sobre su hombro, sin ver a los niños arriba de las escaleras que le estaban mirando fijamente, una sollozando y el otro observándole con ojos furiosos, ardientes y los puños cerrados con rabia.

-Esta vez no voy a volver -respondió.

Una vez más se escuchó un portazo y Sam se dobló en el regazo de su hermano, con mocos y lágrimas corriendo por su cara.

-Se ha ido, se ha ido, se ha ido. -Tom acarició la espalda de su hermana, con las manos encogidas.

-Sam, Sammy -dijo-. Él no se ha ido.

-Sí, se ha ido.

-No se ha ido -repitió Tom. Los dos se quedaron quietos un par de minutos, escuchando a su madre moverse en el primer inferior; estaba maldiciendo y soltando débiles sollozos. Sam se apegó aun más a Tom, si es que eso era posible.

-¿Qué va a pasar ahora? -preguntó-. ¿Va a ser diferente?

Sam lloraba sin parar sobre la camiseta de Tom, mientras éste trataba de calmarla.

-Todo va a estar bien.

-¿Cómo?

Tom encogió sus hombros.

-Simplemente va a estarlo.

-Extraño a papá.

-No deberías, él no nos extraña a nosotros -dijo Tom jalando a su hermana aún más cerca-Olvídalo.

-¿Y si mamá se va?

-No lo va a hacer -respondió Tom. Sam frunció el ceño, las lágrimas deteniéndose por un momento.

-¿Tú me abandonarías?

Tom la apretó fuertemente contra su pecho y susurró: -Nunca voy a abandonarte.

-¿Nunca?- preguntó Sam mirando a su hermano con ojos esperanzados.

-Nunca -dijo de nuevo Tom-. Te amo más que papá, más que mamá, más que a nadie.

Sam sonrió un poco, todavía llorando. En su mente todo eso tenía sentido.

-Yo también te amo, Tommy.

Se abrazaron con fuerza, y así fue como Simone los encontró horas más tarde.

Una semana después, Simone llevó algo de ropa recién lavada al salón con la intención de planchar, doblarla y guardarla. Suspiró pesadamente, frotando su frente con el revés de su mano; se sentía cansada y vieja, mucho más de lo que una semana antes hubiera parecido. Muchos días siendo madre soltera había hecho mella en ella.

Puso el cesto de ropa en el sillón y prendió la lámpara… No esperaba ver a los mellizos en el piso, sentados juntos en la oscuridad.

-¿Niños?

-Hola -dijo Sam, despacio. Simone vio que los dedos de sus hijos estaban agarrados con firmeza.

-¿Qué pretendéis? -preguntó lentamente. Sam se acurrucó aún más contra Tom, y éste levantó el mentón y miró a su madre fijamente.

-Nada.

-¿Queréis ir a afuera y jugar? -preguntó Simone. Ambos negaron con la cabeza-. No habéis salido durante todo el fin de semana.

-No quiero salir -comentó Sam-. Estamos jugando aquí.

Simone suspiró. Sus mellizos, usualmente alborotadores, habían estado dóciles y callados desde de que su padre se había ido. Jorg se había ido marchado antes, pero esta vez ella sentía que incluso Sam y Tom sabían que, esta vez, era la definitiva. Su esposo no iba a volver a casa.

-¿Por qué no vais a ver la televisión? -Ninguno de los dos respondió, solo se pegaron el uno al otro un poco más.

Simone entendía que estuvieran tristes y que necesitarían un poco de tiempo para superar lo que había pasado; ella no estaba preocupada. O por lo menos eso era lo que se decía a sí misma.

Se arrodilló y abrazó a sus hijos.

-Está bien, pero la cena va a estar pronto.

Antes de irse encendió las luces del salón. Sam escondió su pequeña cara en el recodo del cuello de Tom, y su hermano la abrazó con fuerza.

Un par de meses pasaron.

Las cosas se habían calmado; Tom y Sam habían aprendido el significado del divorcio. Simone había tratado con ahínco de mantener las cosas lo más normal posible, había tratado de darle a sus hijos amor extra para que el dolor de que su padre les abandonara no fuera tan grande.

Pero no tenía por qué preocuparse.

Parecía que Tom y Sam estaban llenando el vacío con la compañía del otro. Simone seguía encontrándolos abrazados, pegados, acurrucados. Rara vez iban a algún lado solos, y siempre estaban tomados de las manos cuando caminaban.

Pensó que eso era tierno.

Una tarde, Simone tenía una cita con un hombre que había conocido en una exposición de arte, su nombre era Gordon. Él le había hecho sentir valorada otra vez. Llamó a una niñera para los mellizos, se sentía bastante animada no había tenido una noche para ella desde hacía meses. Se arregló, se puso algo de maquillaje y tacones altos. Cuando era hora de irse, fue a la habitación de sus hijos y tomó una bocanada de aire.

Samantha estaba llorando en su cama y Tom estaba abrazándola.

-¿Qué ha pasado? -preguntó inmediatamente, caminando hacia ellos, Sam sacudió la cabeza y le miró con los ojos muy abiertos y brillantes.

-Nada.

-Yo estoy cuidando de ella -le dijo Tom a su madre.

-Amores -inquirió Simone, suspirando un poco y con todos los pensamientos de su cita desechados-. ¿Sammy princesa, qué te pone triste?

Tom abrazó a Sam con hermetismo, casi posesivamente.

-¿Adónde te vas? -preguntó a través del llanto-. ¿Cuándo vas a volver?

Simone se sentó en la cama y trató de poner una mano en el brazo de su pequeña hija, pero Tom la cubrió con su propia mano. Algo se removió en su estómago, Tom prácticamente le estaba mirando con furia.

-Solo voy a salir con un amigo -respondió ella acariciando el rubio cabello de Sam - Voy a volver muy, muy pronto. No me voy a ir lejos… ¿de acuerdo?

-Estoy aquí, Sam, no te preocupes -murmuró Tom desde su posición. Sam sollozó un poco más, derramando lágrimas sobre la camiseta de su hermano.

-Princesa, no os estoy abandonando.

-Está bien si lo haces -comentó Tom. Sam lloriqueó ruidosamente.

Simone los atrajo hacia sí a ambos, poniéndolos incómodamente sobre su regazo. Años antes ella podía protegerlos perfectamente, pero ahora parecía que era Tom el que 'apoyaba' perfectamente a su hermana y nada iba a interferir con eso. Simone besó a los dos en la frente y suspiró de nuevo.

-¿Sabéis? -dijo-. Me alegra mucho que os tengáis el uno al otro porque no siempre voy a estar aquí.

-¿Adónde vas…?

-A ningún lado -respondió rápidamente Simone. Recorrió con una mano el antebrazo tenso de Tom y con cuidado lo retiró de su hermana. Sam puso una mirada de pánico y ella reemplazó el toque con su mano-. Quiero que siempre cuidéis del otro ¿vale?

-Ya lo hago -contestó Tom, inflando un poco el pecho. Su madre sonrió.

-Lo sé, Tom. Eres un maravilloso hermano mayor.

Sam mordisqueó su labio y se inclinó hacia Tom, temblando un poco todavía.

-Está bien si te vas con tu amigo, mamá. Tommy está aquí.

Tom asintió con seguridad.

-Está bien -contestó Simone con delicadeza-. Voy a daros un beso de buenas noches y cuando os levantéis mañana va a haber tortitas.

-Bien- excamó Sam, sonriendo un poco.

-¿De buena calidad? -preguntó Tom.

-De la mejor -contestó, besándoles a ambos y levantándose.

Simone les miró un rato antes de irse. Samantha volvió a ocultar su cara en el hombro de Tom mientras él casi empujó a a su hermana hacia su regazo y se quedaron quietos.

Simone tuvo la seguridad de que ellos no se habían percatado que todavía estaba en la habitación. Movió la cabeza y se giró para irse. Cuando bajaba las escaleras se preguntó cuánto tiempo irían a estar tan cerca el uno del otro; no podían estar así por siempre.

-Nadie lo hace -pensó tristemente.



· Ocho años ·



-¿Cuándo? -preguntó impaciente-. ¿Cuándo, Tommy?

-Pronto. Mamá va a regresar pronto Sam

Los niños de ocho años estaban sentados, en la parte alta de las escaleras, con el pijama puesto y esperando. Su madre había salido a las siete y ya eran las diez. La niñera estaba en el primer piso viendo películas que supuestamente Tom y Sam no deberían ver.

Ambos habían sido llevados a la cama, pero rápidamente encontraron su camino hacia las escaleras, su lugar favorito para sentarse y jugar. Sam tenía en sus manos el viejo gato de peluche, regalo de su padre de cuando era muy pequeña. A Tom le había regalado un perro, pero él ya no lo tenía.

-¿Crees que vaya a traer algo para nosotros?

-Lo hará -respondió Tom con confianza. Su madre siempre les traía algo  de sus salidas con Gordon. Ambos sabían que eran citas, aunque no estaban seguros del todo lo que eso significaba.

Meses antes Simone había llevado a la casa a Gordon y los chicos lo habían conocido. Cenaron y miraron películas y a pesar de que Gordon se fue pronto, había estado de vuelta para el desayuno en la mañana. Sam había pensado que eso era algo raro y Tom le había llamado "tonta", explicándole que Gordon realmente no se había ido.

A pesar de eso, a los dos les agradaba Gordon, siempre estaba sonriendo y llevándoles dulces.

-¿Crees que él vaya a dormir aquí esta noche? -susurró Sam, inclinándose.

-No lo sé, tal vez -contestó Tom-. Lo ha estado haciendo últimamente...

El sonido de la puerta abriéndose le interrumpió, y los mellizos vieron pies moviéndose. Sam reconoció los tacones de su madre.

-Ahí están -dijo Tom con suavidad. Sam asintió. Vieron como Simone pagó a la niñera y Gordon desapareció por un momento.

-¿A dónde a ido? -murmuró Sam. Tom dio a entender que no sabía moviendo la cabeza de un lado a otro.

Minutos más tarde, Gordon volvió carcajeándose.

-Simone, no vas a adivinar lo que estaba puesto en la televisión -dijo aún riendo-. Parece que Alissa olvidó cubrir sus rastros esta vez.

-Dios… ¿Estaba viendo esos canales de nuevo? Continúo olvidándome de cancelarlos -contestó Simone, sonriendo-. En fin, por lo menos es buena con los niños.

-¿Qué es un poco de porno suave un viernes por la noche? -Gordón río de nuevo. Los mellizos le vieron atrapar a su madre en un dramático abrazo.

-¿Quieres quedarte el resto de la noche?

-Cariño, no puedo -respondió Gordon con un gesto de molestia y acariciando su rostro femenino.

Sam se apegó a Tom y su mano fue agarrada por él.

Gordon besó a Simone ligeramente. Ambos escucharon suspirar a su madre con satisfacción.

-Buenas noches -dijo Simone cuando el besó terminó.

-Buenas noches.

Sam y Tom se miraron.

-Corre -susurró Tom.

Con rapidez corrieron hacia su habitación antes de que los atraparan. Sam fue hacia su cama y se puso la manta sobre la cabeza.

-Así que eso es un beso de buenas noches -comentó. Tom río y se sentó junto a ella en la cama quitando la manta de su cara.

-Fue un beso de muy buenas noches-dijo. Ambos soltaron risitas tontas y Sam se cubrió de nuevo-. Sam ¿Sammy?

Sam sacó la cabeza fuera de la manta.

-¿Ah?

Tom se inclinó y con suavidad besó los labios de su hermana.

-Buenas noches.

Los ojos de Sam estaban muy abiertos y su cara sonrojada.

-Buenas noches, Tommy.

Sam se escondió entre sus mantas y se tocó labios, sonriendo.


Sam estaba tranquilamente acostada en su cama, escuchando la suave respiración de su hermano. Tom no lo había hecho esta vez, no le había dado el beso de buenas noches como siempre lo había hecho el último par de meses. Estaba segura de que su hermano estaba enfadado con ella, a pesar de haber pasado juntos el día de buena forma.

Tom dejó salir un pequeño ronquido y Samantha frunció el ceño, sentándose.

-Tommy -dijo casi susurrando.

Solía ser un juego tonto. Se recitaban líneas que habían escuchado a su madre y a Gordon decirse, dándose besos juguetones. Sin embargo, mientras el tiempo pasaba, se había vuelto una cosa más seria. Sam había comenzado a pensar en los besos de buenas noches desde la mañana, y Tom pensaba en maneras creativas de dárselos.

-Tom -dijo de nuevo, esta vez en voz alta. Tom se movió y se frotó los ojos.

-¿Uh?

-¿Estás enfadado conmigo? -preguntó directamente. Tom bostezó.

-¿Uh?

Sam gateó hacia su hermano, cruzando el pequeño espacio que dividía sus camas.

-¿Estás enfadado?

-¿Por qué? -Era realmente difícil despertar a Tom. Sam notó como estaba volviendo a quedarse dormido y le pellizcó-. ¡Ouch!… ¿Qué pasa?

-No me has dado el beso de buenas noches -susurró. Tom se incorporó un poco.

-Lo hice.

-No -dijo Sam-. No lo hiciste… No puedo dormir.

-¿No puedes? -ella asintió e hizo una mueca.

-No, pero me alegra que tú sí puedas -respondió. Tom dibujó una sonrisa en sus labios.

-Sammy, ven.

-Estoy aquí -dijo Sam, casi con un susurro.

-Aquí arriba.

Sam subió a la cama de su hermano y se sentó a su lado. Tom puso una mano en su nuca entrelazó sus dedos con algunos mechones de su pelo.

-¿Buenas noches? -preguntó Sam, insegura.

-Sam-murmuró Tom acercando el rostro de su melliza al suyo y conectando sus labios con los de Sam que sonrió ampliamente mientras se separaban.

-Gracias. ¿Me puedo quedar contigo? Tengo miedo.

Tom hizo un gesto.

-¿De qué?

-Monstruos -respondió en voz baja. Tom se apartó un poco y le hizo espacio a su hermana.

-Solo esta noche -dijo-. Suelo dar patadas -Sam rió.

-Lo sé.

Habían compartido la cama antes, cuando eran más pequeños, y Tom era terrible. Pero esa noche no se movió en absoluto, se acurrucó contra el cuerpo de su hermana y ambos durmieron profundamente.

Estaban ahí de nuevo, sentados en lo más alto de las escaleras, despiertos a horas que no debían. Su niñera, Alissa, los había acostado hacía una hora, pero Tom y Sam se escabulleron momentos después de que ella se fuera.

-Puedo oír malas palabras, creo -dijo Sam mirando fijamente a Tom-. Suenan malas. Esta noche ha puesto el volumen muy alto.

-Quiero ver una de esas películas -fue todo lo que comentó Tom. Cojió la cintura de Sam haciendo que ésta se pusiera más cerca suyo, descansado la cabeza sobre su hombro.

-Estoy cansada -murmuró Sam bostezando-. ¿Cuándo van a volver?

-Mamá dijo que la noche era joven. -Tom bajó la mano hasta la cadera de su hermana-. Tal vez eso signifique que van a venir a casa temprano.

-Creo que escuché el auto.

-¿Estás segura?

La televisión se apagó de inmediato.

-Sip, ella ha apagado la televisión. Ya deben de estar en casa -dijo Sam.

De pronto el sonido de la puerta y las voces familiares invadieron la casa. Sam y Tom miraron los pies y retrocedieron unos pasos para ver a Alissa diciendo adiós con la mano y marchándose. Entonces, Simone y Gordon compartieron un beso, no del tipo que Sam y Tom normalmente veían. No era un beso de buenas noches, eso era seguro. Era más largo. Los mellizos miraron con atención.

-Simone -dijo Gordon, con voz muy seria-. Yo… -Ella lo interrumpió besándole de nuevo, sus manos puestas en su cabello, en sus brazos, en todos sitios.

-¿Están peleando? -preguntó Sam. Tom sacudió la cabeza, silenciandola.

-Estoy tan jodidamente enamorado de ti -suspiró Gordon.

-Oh, Gordon -respondió Simone. Se abrazaron fuertemente y Gordon comenzó a besarle el cuello, sus manos sosteniéndole con firmeza alrededor de su cintura.

-Vamos a la cama -murmuró Gordon. Simone río tontamente, con la cara ruborizada.

-¿Ves? No están peleando; ella está sonriendo -susurró Tom.

-Tengo que ir a ver a los niños -dijo Simone sin aliento. La boca de Gordon atacó su cuello de nuevo, chupando con ahínco. Simone casi cae al suelo, pero él la sostuvo.

-Deben estar bien -dijo entre húmedos besos-. Vamos a la cama, Simone.

-Gordon…

-Por favor, Simone -pidió y acarició sus brazos y ella se rindió.

-Está bien, llévame a la cama. -Se besaron una vez más y abandonaron la cocina agarrados de la mano.

Sam y Tom se miraron mutuamente un poco confusos.

-¿Qué van a hacer? -preguntó la pequeña de los hermanos.

-Creo que van a ir a descansar -contestó Tom.

-No parecían cansados -comentó-. Tal vez nosotros debamos ir a la cama. -Tom asintió. Se levantaron y caminaron hacia su habitación. Inesperadamente Samantha giró hacia su hermano.

-Buenas noches -dijo, sonriendo dulcemente. Tom movió su cabeza de lado a lado.

-Estoy jodidamente enamorado de ti Sam…-

-Oh, Tommy -murmuró Sam ruborizandose. Tom le giñó un ojo y agarró la mano de su hermana, acercandola a él y dándole un beso casto en los labios.
-¿Qué significa "estar enamorados"?- preguntó Tom

Sam bajó la cabeza y frunció el ceño.

-No lo sé. Y has dicho una mala palabra.

-Lo sé. -Tom miró a Sam-. ¿Estoy enamorado de ti?

-Suena bonito -respondió ella con una sonrisa vacilante-. ¿Lo estás?… ¿Qué significa eso?

Tom encogió los hombros.

-Quizá es como cuando mamá nos dice que estamos en problemas… Muy en serio.

-Probablemente.

-Muy en serio -dijo Tom-. Te amo, así, seriamente.

-Yo también -respondió Sam, sintiendo burbujas en su estómago-. Estoy… jodidamente enamorada de ti Tommy.

Tom sonrió.

-Mamá dice nuestros nombres completos cuando está hablando en serio.

-Tom Kauliz -ambos sonrieron bobamente-, no voy a llevarte a la cama porque ya estamos aquí.

-Está bien -dijo Tom, riendo. Besó los labios de su hermana, prolongándolo un poco más de lo usual. Cuando se apartaron sus mejillas estaban rojas.

-Buenas noches.

-Buenas noches, Samantha Kaulitz -contestó Tom, sonriendo. Los dos se fueron a su respectiva cama y se taparon.

En la puerta de la habitación estaba Simone, viendolo todo y tapandose la boca con una mano.

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